El sol se alzó lentamente por detrás de las montañas. El pequeño e improvisado campamento que se encontraba al lado del bosque estaba destrozado. El ataque de los lobos había dejado huella. Los cadáveres de estos monstruos yacían esparcidos por el claro.
Giselle estaba tapada con una manta, aun con los ojos muy abiertos, abrazada por Kash. Karelle y Alyssa estaban sentadas al otro lado mirando a Giselle.
- No creí que fuése a adquirir su poder tan rápido -susurró Alyssa a Karelle.
- La situación la forzó -contestó ella en otro murmullo-. Kash estaba a punto de ser aplastado por ese monstruo.
- Sí, pero ahora ella... parece traumatizada.
- Descargó demasiado para ser la primera vez.
Mientras tanto, Giselle, acurrucada en Kash cerró los ojos con fuerza. Había sido una pesadilla. Justo después de ver el rayo caer del cielo se desmayó y no vio nada más. Se sentía como si hubiese tomado una gran cantidad de cafeína, no podía dormir.
- Eh -dijo Kash-. ¿Te encuentras mejor ?
Giselle levantó la cabeza y le miró, asintiendo.
- Genial, creo que deberíamos ir recogiendo el campamento, ¿no crees?
Ella volvió a asentir.
- Gracias de nuevo por salvarme.
Como respuesta solo recibió otro leve asentimiento.
Kash se puso de pie, al verle, Karelle y Alyssa hicieron lo mismo, pero Giselle se quedó en el suelo. No podía moverse. Se sentía muy débil.
Caminaron poco, sin hablar, no avanzaron mucho, pues Giselle no podía permitirse un largo trayecto, y volvieron a acampar. Esta vez Alyssa se preocupó de crear una barrera mágica alrededor del campamento. Nadie habló sobre la nueva magia de Giselle.
Alyssa y Karelle se fueron a lo más profundo del bosque, a cazar la cena, y Kash se quedó con Giselle, que estaba al lado de la hoguera, observando las llamas que bailaban sobre las piedras. Se sentó junto a ella.
- Giselle... en serio, ¿te encuentras bien? -preguntó.
- Sí.
- No te creo. Mírame.
Ella le hizo caso, no tenía ganas de discutir, pero sabía que no tenía por qué enfadarse con Kash.
- Tienes que descansar -aconsejó él. Giselle bajó la cabeza-. Oh, por favor -Kash le pasó el brazo por encima del hombre a la Komylen, que ni se inmuto- Háblame. Sé que ha sido duro, pero tienes que reponerte.
Entonces Giselle se abrazó a él.
- Giselle... no sé como explicarte lo importante que eres para mí, no soporto verte triste. No lo soportó.
- Lo siento -dijo ella.
- No lo sientas, solo... recupérate.
Kash le cogió del mentón, obligándola a mirarle.
- Hazlo por mí.
Giselle se sintió un tanto aturdida. Entonces Kash presionó sus labios contra los de ella, sin deshacer su abrazo. Giselle le acarició lentamente la cara, y volvió a bajar la mano. Kash se separó de ella.
- Te quiero -susurró...
Bienvenidos
Holaaa!!
En este blog encontrareis un poco de todo xD
Desde canciones hasta historias alocadas!!
Espero que es lo paséis bien!!
Ah, que sepáis que en la página principal podréis encontrar todas las entradas añadidas de forma desordenada, pero pinchad en las etiquetas para verlas de forma ordenada.
También podéis poner sugerencias en el tagboard, sobre qué tipo de historias os gustan, de qué fotos queréis que hagamos collages, sugerencias, o si queréis que el blog añada algunos apartados más.
También hemos de decir que los agradecimientos a distintas páginas que nos ayudan con el contenido del blog están abajo del todo ;)
Fmdo.
Marii y Paula
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Mostrando entradas con la etiqueta Novela: Los Gritos de la Oscuridad. Mostrar todas las entradas
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8 ago 2010
3 jul 2010
CAPITULO 28
En cuanto Giselle les dio la noticia de donde encontrar al hermano de Ariadne, se pusieron en camino. No tardaron en recoger el campamento y marcharse de allí.
- Dime, te dio alguna información complementaria ? -preguntó Karelle.
- No, ella no conocía siquiera el nombre del niño -respondió Giselle.
- ¿Por qué en las Montañas? -inquirió más para sí mismo que para los demás Kash.
Nadie contestó. Los días cada vez se hacían más fríos. El invierno estaba llegando. Alyssa estaba encerrada en sí misma con sus indagaciones. Podía estar horas, sin parar, buscando respuestas, a veces salía a pasear por el bosque más cercano que tuviesen en ese momento.
Kash y Giselle estaban mucho rato juntos.
Esa noche, en la hoguera, Alyssa siguió como los últimos días, sin pronunciar palabra, Karelle, por su parte, también estaba absorta en sus pensamientos, y los otros dos chicos no cesaban de parlotear.
- Pronto llegaremos a un lago... -comentó Giselle, aunque realmente solo hablaba para Kash-. Hace frío... pero necesito un baño en condiciones ya !!
- Bueno, yo tendría que seguir buscando al chaval ese que buscamos, pero... la verdad, si ya sabemos por donde está creo que es inútil que siga intentando encontrarle con la mente.
- Mmm... ¿sabes ya qué o quién va con el niño?
- No, tampoco me he puesto a pensarlo- respondió Kash.
- Ya, pero... -un murmullo a sus espaldas la hizo callarse.
Alyssa levantó la cabeza, alarmada y en seguida se levantó, preparando su arco. Karelle hizo lo propio y desenvainó la espalda, mientras que Kash escondió trás de sí a Giselle. Ella se sentía muy inútil. Todos tenían poderes y sabían usar armas. Ella solo podía esconderse y quedarse de brazos cruzados.
De la maleza salió un animal... o eso creyó que era Giselle. Más bien era una mezcla entre lobo, un bicho con alas... aunque los ojos eran como los de las serpientes. El hocico estaba aplanado estaba entero cubierto de pelo negrísimo y las zarpas estaban muy, muy afiladas. Detrás del primero empezaron a aparecer más y más...
- Kash -dijo Karelle en voz baja-. Llévate a Giselle.
Él la cogió del brazo y tiró de ella. Alyssa y Karelle entretuvieron a los bichos. Kash no le soltó el brazo hasta llegar tras unos matorrales. El chico tenía el corazón muy acelerado a causa de los semi-lobos.
- No te muevas de aquí, prométemelo -Giselle asintió con el miedo reflejado en la mirada-. Así me gusta -entonces la besó la frente y se fue con las otras dos chicas.
Desde allí, Giselle veía vagamente como Alyssa lanzaba flechas con elegancia a los monstruos, y Karelle ensartaba su espada en los cuerpos de los atacantes, que luego caían, inertes, al suelo. Todo eso a la Komylen le parecía una auténtica pesadilla. Quiso gritar, pero sabía que así, descubriría su posición, y le complicaría a sus amigos. Se sentía tan inútil... De pronto a Kash, que empuñaba otra espada, un monstruo le empujó hacia atrás, y el se tuvo que arrastrar para atrás. Alyssa y Karelle no se percataron de ello. Pero el bicho seguía atacando. Kash se defendía, y logró evadirse, pero el bicho saltó encima suya. La espada voló por los aires y se quedó lejos de él. El semi-lobo le iba a dar un zarpazo, que, seguro, acabaría con su vida. Giselle no se lo pensó y corrió hacia ellos.
- ¡¡KASH!! -gritó.
De pronto un rayo cayó del cielo y electrocutó al monstruo...
- Dime, te dio alguna información complementaria ? -preguntó Karelle.
- No, ella no conocía siquiera el nombre del niño -respondió Giselle.
- ¿Por qué en las Montañas? -inquirió más para sí mismo que para los demás Kash.
Nadie contestó. Los días cada vez se hacían más fríos. El invierno estaba llegando. Alyssa estaba encerrada en sí misma con sus indagaciones. Podía estar horas, sin parar, buscando respuestas, a veces salía a pasear por el bosque más cercano que tuviesen en ese momento.
Kash y Giselle estaban mucho rato juntos.
Esa noche, en la hoguera, Alyssa siguió como los últimos días, sin pronunciar palabra, Karelle, por su parte, también estaba absorta en sus pensamientos, y los otros dos chicos no cesaban de parlotear.
- Pronto llegaremos a un lago... -comentó Giselle, aunque realmente solo hablaba para Kash-. Hace frío... pero necesito un baño en condiciones ya !!
- Bueno, yo tendría que seguir buscando al chaval ese que buscamos, pero... la verdad, si ya sabemos por donde está creo que es inútil que siga intentando encontrarle con la mente.
- Mmm... ¿sabes ya qué o quién va con el niño?
- No, tampoco me he puesto a pensarlo- respondió Kash.
- Ya, pero... -un murmullo a sus espaldas la hizo callarse.
Alyssa levantó la cabeza, alarmada y en seguida se levantó, preparando su arco. Karelle hizo lo propio y desenvainó la espalda, mientras que Kash escondió trás de sí a Giselle. Ella se sentía muy inútil. Todos tenían poderes y sabían usar armas. Ella solo podía esconderse y quedarse de brazos cruzados.
De la maleza salió un animal... o eso creyó que era Giselle. Más bien era una mezcla entre lobo, un bicho con alas... aunque los ojos eran como los de las serpientes. El hocico estaba aplanado estaba entero cubierto de pelo negrísimo y las zarpas estaban muy, muy afiladas. Detrás del primero empezaron a aparecer más y más...
- Kash -dijo Karelle en voz baja-. Llévate a Giselle.
Él la cogió del brazo y tiró de ella. Alyssa y Karelle entretuvieron a los bichos. Kash no le soltó el brazo hasta llegar tras unos matorrales. El chico tenía el corazón muy acelerado a causa de los semi-lobos.
- No te muevas de aquí, prométemelo -Giselle asintió con el miedo reflejado en la mirada-. Así me gusta -entonces la besó la frente y se fue con las otras dos chicas.
Desde allí, Giselle veía vagamente como Alyssa lanzaba flechas con elegancia a los monstruos, y Karelle ensartaba su espada en los cuerpos de los atacantes, que luego caían, inertes, al suelo. Todo eso a la Komylen le parecía una auténtica pesadilla. Quiso gritar, pero sabía que así, descubriría su posición, y le complicaría a sus amigos. Se sentía tan inútil... De pronto a Kash, que empuñaba otra espada, un monstruo le empujó hacia atrás, y el se tuvo que arrastrar para atrás. Alyssa y Karelle no se percataron de ello. Pero el bicho seguía atacando. Kash se defendía, y logró evadirse, pero el bicho saltó encima suya. La espada voló por los aires y se quedó lejos de él. El semi-lobo le iba a dar un zarpazo, que, seguro, acabaría con su vida. Giselle no se lo pensó y corrió hacia ellos.
- ¡¡KASH!! -gritó.
De pronto un rayo cayó del cielo y electrocutó al monstruo...
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
15 may 2010
CAPITULO 27
- ¿Jumsh? -susurró Giselle.
Se levantó del suelo y esperó a que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad.
- Komylen -dijo una voz-. Esperaba volverte a ver.
Giselle avanzó poco a poco, hasta el lugar de donde provenía la voz. Poco a poco una luz fue iluminando el sitio. Allí estaba ella, con su rosa roja entre las manos, y... un cuerpo, con mordaza y encadenado por todos lados estaba tirado en el suelo.
- ¿Qué le ha pasado? -preguntó Giselle, alarmada.
- La persona con la que él me confundía le ha castigado. No podemos hacer nada por él. Sabía que acabarías viniendo. Gracias a tu amigo el Xawol, ¿no? - Giselle asintió -. Bien, ¿tienes preguntas?
- Muchas -respondió Giselle -. ¿Eres una Elegida?
- No -contestó ella.
- ¿Qué eres?
- Una parte importante de esta guerra que te ayudará a encontrar lo realmente necesario. Te ayudaré, y tú, aunque no quieras, acabarás ayudándome a mí.
- No me importa ayudarte -dijo Giselle-. Me caes bien.
Jumsh sonrió y relajé sus enormes alas negras.
- ¿Sabes quién es el niño que tanto buscáis?
Giselle se encogió de hombros.
- Yo sé dónde está. Y efectivamente, vienen del cielo, acompañado de una mezcla entre distintas razas, de noble corazón y mente despierta. ¿Quieres encontrarle?
- Es necesario.
- Id a las montañas, no al territorio Xawol, sino a las Montañas LastSigh. Díselo a aquellos que te acompañan.
- ¿Cómo reconoceré al Elegido?
- Te aseguro que le reconocerás.
- Dime cómo se llama.
- No lo sé -respondió el ángel negro.
Giselle suspiró. Jumsh no daba ninguna respuesta clara.
- ¿Y de qué se supone que te tengo que salvar? -preguntó Giselle, tenía que sacar la máxima información en el tiempo que le quedaba.
- De aquellos que le han hecho esto a él -dijo, señalando al encadenado, que parecía dormido, con una mueca de dolor en el rostro.
Giselle notó que la imagen de Jumsh se desformaba. Se iba a despertar.
- Me voy -dijo-. Pero volveré pronto.
La luz del día la hizo parpadear. Parecía exhausto.
- ¿Qué has averiguado? -preguntó él.
Se levantó del suelo y esperó a que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad.
- Komylen -dijo una voz-. Esperaba volverte a ver.
Giselle avanzó poco a poco, hasta el lugar de donde provenía la voz. Poco a poco una luz fue iluminando el sitio. Allí estaba ella, con su rosa roja entre las manos, y... un cuerpo, con mordaza y encadenado por todos lados estaba tirado en el suelo.
- ¿Qué le ha pasado? -preguntó Giselle, alarmada.
- La persona con la que él me confundía le ha castigado. No podemos hacer nada por él. Sabía que acabarías viniendo. Gracias a tu amigo el Xawol, ¿no? - Giselle asintió -. Bien, ¿tienes preguntas?
- Muchas -respondió Giselle -. ¿Eres una Elegida?
- No -contestó ella.
- ¿Qué eres?
- Una parte importante de esta guerra que te ayudará a encontrar lo realmente necesario. Te ayudaré, y tú, aunque no quieras, acabarás ayudándome a mí.
- No me importa ayudarte -dijo Giselle-. Me caes bien.
Jumsh sonrió y relajé sus enormes alas negras.
- ¿Sabes quién es el niño que tanto buscáis?
Giselle se encogió de hombros.
- Yo sé dónde está. Y efectivamente, vienen del cielo, acompañado de una mezcla entre distintas razas, de noble corazón y mente despierta. ¿Quieres encontrarle?
- Es necesario.
- Id a las montañas, no al territorio Xawol, sino a las Montañas LastSigh. Díselo a aquellos que te acompañan.
- ¿Cómo reconoceré al Elegido?
- Te aseguro que le reconocerás.
- Dime cómo se llama.
- No lo sé -respondió el ángel negro.
Giselle suspiró. Jumsh no daba ninguna respuesta clara.
- ¿Y de qué se supone que te tengo que salvar? -preguntó Giselle, tenía que sacar la máxima información en el tiempo que le quedaba.
- De aquellos que le han hecho esto a él -dijo, señalando al encadenado, que parecía dormido, con una mueca de dolor en el rostro.
Giselle notó que la imagen de Jumsh se desformaba. Se iba a despertar.
- Me voy -dijo-. Pero volveré pronto.
La luz del día la hizo parpadear. Parecía exhausto.
- ¿Qué has averiguado? -preguntó él.
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
9 may 2010
CAPITULO 26
Karelle avisó al resto del grupo de que había mucha urgencia por encontrar a un niño con una marca en el costado derecho de un semi-sol. El niño tenía que tener alrededor de un año.
Alyssa le dirigió una mirada significativa, pero no dijo nada.
Desde ese día, Kash no se levantaba del suelo. Estaba con los ojos cerrados, y las manos en la cabeza, buscando por las mentes una equivalente a la del niño que buscaban. Todo su poder se dedicó de pleno a la búsqueda, y no tenía tiempo para nada más. Esto a Giselle la disgustaba, pero sabía que no podía hacer nada.
Ella, en vez de dedicarse a pensar en dónde encontrar al cuarto, buscaba en ella el mínimo signo de magia. Intentaba manejar plantas, mover la tierra, crear ventiscas, volar... Todo le parecía inútil. Alyssa la observaba divertida.
- La magia no saldrá porque tú lo digas -solía decir Alyssa-. Ten paciencia.
Pero la paciencia no era el don de la Komylen.
Lia volaba de un lado a otro, desaparecía con Karelle por el bosque, buscando sitios con buena aura para practicar una cualidad de los déstiles. Eran capaces de ver una imagen tridimensional del mundo, y por ella buscaban al pequeño.
Los días pasaban lentos sin nada entretenido.
Giselle siguió con sus pesadillas. Rara era la noche que no se despertaba empapada en sudor oyendo gritos por todos lados. Solo había vuelto a ver una vez al ángel negro, Jumsh, pero cuando la vio, no se acordó de ella, así que no pudo hacerle preguntas importantes. Solo cuando despertó cayó en la cuenta de quién era el ser con alas negras.
Sentía que debía volver a verla. Algo de ella era necesaria. Entonces se le ocurrió. Kash maneja las mentes, podía manejar la suya para hacerla soñar con lo que ella quería, además era una excusa para hablar con él.
Se acercó a él. Seguía como siempre: meditando.
- Kash -llamó ella rozándole con los dedos.
Él despertó bruscamente, sin saber muy bien donde estaba. Se volvió y, al ver a Giselle, suspiró, tranquilizándose.
- ¿Qué te pasa? -le preguntó con la voz dulce de siempre.
- Necesito que me ayudes -dijo Giselle, y le explicó lo que necesitaba-. Por favor -murmuró al finalizar.
- Bueno, no creo que sea difícil -aceptó él-. Además estoy cansado de hacer siempre lo mismo, buscar al niño perdido... Me voy a tomar un descanso.
Giselle sonrió, por fin podía estar charlando con él, tranquilos, sin que nada les preocupase.
Alyssa le dirigió una mirada significativa, pero no dijo nada.
Desde ese día, Kash no se levantaba del suelo. Estaba con los ojos cerrados, y las manos en la cabeza, buscando por las mentes una equivalente a la del niño que buscaban. Todo su poder se dedicó de pleno a la búsqueda, y no tenía tiempo para nada más. Esto a Giselle la disgustaba, pero sabía que no podía hacer nada.
Ella, en vez de dedicarse a pensar en dónde encontrar al cuarto, buscaba en ella el mínimo signo de magia. Intentaba manejar plantas, mover la tierra, crear ventiscas, volar... Todo le parecía inútil. Alyssa la observaba divertida.
- La magia no saldrá porque tú lo digas -solía decir Alyssa-. Ten paciencia.
Pero la paciencia no era el don de la Komylen.
Lia volaba de un lado a otro, desaparecía con Karelle por el bosque, buscando sitios con buena aura para practicar una cualidad de los déstiles. Eran capaces de ver una imagen tridimensional del mundo, y por ella buscaban al pequeño.
Los días pasaban lentos sin nada entretenido.
Giselle siguió con sus pesadillas. Rara era la noche que no se despertaba empapada en sudor oyendo gritos por todos lados. Solo había vuelto a ver una vez al ángel negro, Jumsh, pero cuando la vio, no se acordó de ella, así que no pudo hacerle preguntas importantes. Solo cuando despertó cayó en la cuenta de quién era el ser con alas negras.
Sentía que debía volver a verla. Algo de ella era necesaria. Entonces se le ocurrió. Kash maneja las mentes, podía manejar la suya para hacerla soñar con lo que ella quería, además era una excusa para hablar con él.
Se acercó a él. Seguía como siempre: meditando.
- Kash -llamó ella rozándole con los dedos.
Él despertó bruscamente, sin saber muy bien donde estaba. Se volvió y, al ver a Giselle, suspiró, tranquilizándose.
- ¿Qué te pasa? -le preguntó con la voz dulce de siempre.
- Necesito que me ayudes -dijo Giselle, y le explicó lo que necesitaba-. Por favor -murmuró al finalizar.
- Bueno, no creo que sea difícil -aceptó él-. Además estoy cansado de hacer siempre lo mismo, buscar al niño perdido... Me voy a tomar un descanso.
Giselle sonrió, por fin podía estar charlando con él, tranquilos, sin que nada les preocupase.
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
7 may 2010
CAPITULO 25
- Ay, menos mal que te he encontrado -dijo Lia.
- ¡¡Me has asustado!! -chilló Giselle.
- Mmm, sí, ya me he dado cuenta -murmuró Lia-. La Reina estaba algo preocupada... -informó, y luego miró a Kash-. ¿Quién es él?
- Me llamo Kash, soy el Mylen -respondió el chico.
Lia abrió mucho los ojos y le estudió con detenimiento. No podía creer que, tan solo dos semanas después de que Las tres chicas saliesen del viaje, encontrasen al tercero. Alyssa le contó toda la historia: Los sueños de Giselle, la Llanura de Wind, la Torre...
- Me alegro de conocerte, Elegido -susurró Lia-. Ahora hay que encontrar al último, ¿tenéis idea de DÓNDE bucarle?
- Ellos creen que llegará del cielo -dijo Alyssa.
- ¿Por qué? -preguntó Lia con su estilo maduro, que no iba acorde con su pequeño cuerpecito.
- Intuición -respondió Giselle encogiéndose de hombros.
- Estoy casi seguro -siguió Kash-. No sé qué tipo de ser será, pero estoy seguro de que bajará de las alturas.
- Bueno, si lo tienes tan claro...
Esa noche Lia les contó a los demás las Novedades de Palacio. La Reina había caído enferma, por eso los Elegidos debían de apresurarse para terminar con el Enemigo. La Corte bullía de nervios y preocupación. No se sentían seguros en ningún lado, y las gentes del Reino empezaban a desconfiar del poder de los que decían que les salvarían.
Al terminar de cenar, Lia se llevó a Karelle a parte.
- No podía aguantar más -decía Karelle. Estaban ella y Lia en un lugar suficientemente apartado de la hoguera como para que nadie las oyese.
- Tranquila -dijo Lia-. Ariadne está perfecta... Bueno... -Karelle la lanzó una mirada inquisitiba-. Su piel se está empezando a marchitar, junto con la de la Reina.
- ¿Qué quieres decir? -preguntó Karelle alarmada.
- Debemos encontrar a su hermano. Es por eso, esta guerra es como... si fuese la suya, él y su hermano forman parte de ella, creo que se nos han escapado varias piezas de este rompecabezas, entre esas piezas Ariadne y su hermano son la solución.
- Pero... también debemos encontrar al cuarto.
- Puede que el Destino haya decidido que los encontréis juntos, tengo esa impresión.
- ¡¡Me has asustado!! -chilló Giselle.
- Mmm, sí, ya me he dado cuenta -murmuró Lia-. La Reina estaba algo preocupada... -informó, y luego miró a Kash-. ¿Quién es él?
- Me llamo Kash, soy el Mylen -respondió el chico.
Lia abrió mucho los ojos y le estudió con detenimiento. No podía creer que, tan solo dos semanas después de que Las tres chicas saliesen del viaje, encontrasen al tercero. Alyssa le contó toda la historia: Los sueños de Giselle, la Llanura de Wind, la Torre...
- Me alegro de conocerte, Elegido -susurró Lia-. Ahora hay que encontrar al último, ¿tenéis idea de DÓNDE bucarle?
- Ellos creen que llegará del cielo -dijo Alyssa.
- ¿Por qué? -preguntó Lia con su estilo maduro, que no iba acorde con su pequeño cuerpecito.
- Intuición -respondió Giselle encogiéndose de hombros.
- Estoy casi seguro -siguió Kash-. No sé qué tipo de ser será, pero estoy seguro de que bajará de las alturas.
- Bueno, si lo tienes tan claro...
Esa noche Lia les contó a los demás las Novedades de Palacio. La Reina había caído enferma, por eso los Elegidos debían de apresurarse para terminar con el Enemigo. La Corte bullía de nervios y preocupación. No se sentían seguros en ningún lado, y las gentes del Reino empezaban a desconfiar del poder de los que decían que les salvarían.
Al terminar de cenar, Lia se llevó a Karelle a parte.
- No podía aguantar más -decía Karelle. Estaban ella y Lia en un lugar suficientemente apartado de la hoguera como para que nadie las oyese.
- Tranquila -dijo Lia-. Ariadne está perfecta... Bueno... -Karelle la lanzó una mirada inquisitiba-. Su piel se está empezando a marchitar, junto con la de la Reina.
- ¿Qué quieres decir? -preguntó Karelle alarmada.
- Debemos encontrar a su hermano. Es por eso, esta guerra es como... si fuese la suya, él y su hermano forman parte de ella, creo que se nos han escapado varias piezas de este rompecabezas, entre esas piezas Ariadne y su hermano son la solución.
- Pero... también debemos encontrar al cuarto.
- Puede que el Destino haya decidido que los encontréis juntos, tengo esa impresión.
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
6 may 2010
CAPITULO 24
Desde que salvaron a Kash, este y Giselle no se separaban, estaban todo el rato hablando, la mayor parte de la conversación con Giselle colorada, pero siempre sonriendo.
Karelle y Alyssa siempre iban delante del grupo, dejando a los otros dos algo atrás para que hablasen de sus cosas. De vez en cuando Alyssa se giraba y soltaba una risita
- Me gusta estar aquí -decía Kash.
- Me gusta que tú estés aquí -respondía Giselle.
- ¿En serio?
- Sí. Había veces que pensaba que no podías existir, en mis sueños eras tan... lejano.
- Ya... supongo que los humanos tenéis que ver para creer, ¿no?
- Puede.
- Una vez visité tu mundo, de pequeño, acompañé a mi padre en un rollo de los suyos. Leí una frase que siempre recordaré, de un tal... ¿Eisein? No... Einstein. Decía: "Solo hay dos cosas infinitas: El Universo y la estupidez humana, y del Universo no estoy seguro"
- ¿Me estás llamando estúpida? -preguntó Giselle con sarcasmo.
- Puede -rió Kash.
Cada día se llevaban mejor, y tenían temas y temas sobre los que hablar. Karelle y Alyssa no les interrumpían, ya que entonces, se enfurruñaban.
Kash seguía con su teoría de que el próximo Elegido llegaría del cielo.
Un día, mientras cenaban alrededor de la hoguera, preparada por Karelle, oyeron unos ruidos.
- ¿Qué es eso? -murmuró Giselle.
Karelle se levantó con cuidado y se acercó a la meleza.
Giselle gritó muy fuerte y todos se giraron hacia donde ella estaba. Detrás suya había una figura pequeña, de pelos rubios y ojos azules. Era Lia.
- ¿Cómo me das esos sustos? -chilló Giselle, con el corazón latiéndole muy deprisa.
- Encontrarte -respondió con su sonrisa infantil.
Karelle y Alyssa siempre iban delante del grupo, dejando a los otros dos algo atrás para que hablasen de sus cosas. De vez en cuando Alyssa se giraba y soltaba una risita
- Me gusta estar aquí -decía Kash.
- Me gusta que tú estés aquí -respondía Giselle.
- ¿En serio?
- Sí. Había veces que pensaba que no podías existir, en mis sueños eras tan... lejano.
- Ya... supongo que los humanos tenéis que ver para creer, ¿no?
- Puede.
- Una vez visité tu mundo, de pequeño, acompañé a mi padre en un rollo de los suyos. Leí una frase que siempre recordaré, de un tal... ¿Eisein? No... Einstein. Decía: "Solo hay dos cosas infinitas: El Universo y la estupidez humana, y del Universo no estoy seguro"
- ¿Me estás llamando estúpida? -preguntó Giselle con sarcasmo.
- Puede -rió Kash.
Cada día se llevaban mejor, y tenían temas y temas sobre los que hablar. Karelle y Alyssa no les interrumpían, ya que entonces, se enfurruñaban.
Kash seguía con su teoría de que el próximo Elegido llegaría del cielo.
Un día, mientras cenaban alrededor de la hoguera, preparada por Karelle, oyeron unos ruidos.
- ¿Qué es eso? -murmuró Giselle.
Karelle se levantó con cuidado y se acercó a la meleza.
Giselle gritó muy fuerte y todos se giraron hacia donde ella estaba. Detrás suya había una figura pequeña, de pelos rubios y ojos azules. Era Lia.
- ¿Cómo me das esos sustos? -chilló Giselle, con el corazón latiéndole muy deprisa.
- Encontrarte -respondió con su sonrisa infantil.
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
2 may 2010
KASH
por fin he podido traeros una foto de Kash
el chico Xawol de la novela de:
Los Gritos de la Oscuridad
espero que os parezca... ¿realista?
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
CAPITULO 23
Estaban al lado de un lago. Giselle lo recordaba porque habían acampado allí una de las veces, camino de la Llanura de Wind. Miró a su derecho. Allí estaban Karelle y Alyssa, de pie, encediendo un fuego en una pequeña pira de madera. A su izquierda estaba Kash, dormido.
Giselle se incorporó. Se acercó a las otras dos.
- ¿Está bien? -preguntó señalando a Kash.
- Respira bien -informó Alyssa-. Pero todavía está muy débil, mejor dejarle dormir.
- Lo hiciste muy bien, Giselle -felicitó Karelle. Era la primera vez que decía el nombre de la Komylen.
Giselle enrojeció y bajó la cabeza, Karelle rió por la vergüenza de la otra y siguió alimentando el fuego.
Alyssa había sacado carne de su bolsa de víveres y la estaba asando. Cenaron sin hablar demasiado, las tres estaban muy cansadas.
Al finalizar la cena, Giselle dijo que se iba a dormir. Justo antes de que pusiese las mantas que ella utilizaba como cama en la hierba, Kash abrió los ojos con la respiración agitada. Miró a ambos lados.
Giselle se acercó corriendo hacia él y se agachó.
- Espera, déjale respirar -aconsejó Alyssa.
Giselle se apartó un poco.
Kash levantó la espalda de la manta sobre la que estaba y se quedó sentado, con las manos en la cabeza. Luego levantó la mirada y vio a las tres chicas.
- ¿Es un sueño? -preguntó. A Giselle le pareció más bonita que en los sueños.
- No, estás a salvo -dijo Karelle.
Kash volvió a taparse la cara con las manos.
Alyssa se acercó con un improvisado plato -hecho con barro y magia- lleno de carne:
- Tendrás hambre, te dejaremos comer, si quieres.
- No -negó él-. Quedaos aquí, por favor.
Ellas obedecieron. Empezaron a contarle cómo le habían sacado de la prisión. Él escuchaba tranquilo, y al final les dio las gracias a las tres.
-Ahora solo falta el cuarto -dijo Kash. Después miró a Giselle-. Te dije que creía que venía del cielo.
- Es probable -afirmó Alyssa-. ¿Ya haces magia? -le preguntó.
- Sí, sobre las mentes.
Recogieron todos los bártulos de la cena y se fueron a acostar.
- Alyssa -murmuró Giselle- ¿Cómo se llama el tercero?
- Mylen -contestó ella.
Giselle se incorporó. Se acercó a las otras dos.
- ¿Está bien? -preguntó señalando a Kash.
- Respira bien -informó Alyssa-. Pero todavía está muy débil, mejor dejarle dormir.
- Lo hiciste muy bien, Giselle -felicitó Karelle. Era la primera vez que decía el nombre de la Komylen.
Giselle enrojeció y bajó la cabeza, Karelle rió por la vergüenza de la otra y siguió alimentando el fuego.
Alyssa había sacado carne de su bolsa de víveres y la estaba asando. Cenaron sin hablar demasiado, las tres estaban muy cansadas.
Al finalizar la cena, Giselle dijo que se iba a dormir. Justo antes de que pusiese las mantas que ella utilizaba como cama en la hierba, Kash abrió los ojos con la respiración agitada. Miró a ambos lados.
Giselle se acercó corriendo hacia él y se agachó.
- Espera, déjale respirar -aconsejó Alyssa.
Giselle se apartó un poco.
Kash levantó la espalda de la manta sobre la que estaba y se quedó sentado, con las manos en la cabeza. Luego levantó la mirada y vio a las tres chicas.
- ¿Es un sueño? -preguntó. A Giselle le pareció más bonita que en los sueños.
- No, estás a salvo -dijo Karelle.
Kash volvió a taparse la cara con las manos.
Alyssa se acercó con un improvisado plato -hecho con barro y magia- lleno de carne:
- Tendrás hambre, te dejaremos comer, si quieres.
- No -negó él-. Quedaos aquí, por favor.
Ellas obedecieron. Empezaron a contarle cómo le habían sacado de la prisión. Él escuchaba tranquilo, y al final les dio las gracias a las tres.
-Ahora solo falta el cuarto -dijo Kash. Después miró a Giselle-. Te dije que creía que venía del cielo.
- Es probable -afirmó Alyssa-. ¿Ya haces magia? -le preguntó.
- Sí, sobre las mentes.
Recogieron todos los bártulos de la cena y se fueron a acostar.
- Alyssa -murmuró Giselle- ¿Cómo se llama el tercero?
- Mylen -contestó ella.
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CAPITULO 22
Alyssa se avalanzó sobre los monstruos y todos ellos se dieron la vuelta, sorprendidos, para ver la figura perfecta que se echaba sobre ellos.
Ella no perdió tiempo y mató con su espada al mayor número de bichos posibles. De los pasillos iban llegando más y más, pero ella no cesaba de dar muerte a todos los que se le acercaban.
Mientras tanto, las dos Elegidas esperaban a un lado de la columna.
- No va a acabar nunca... -susurró Karelle.
Entonces, con mirada decidida, cogió de la mano a Giselle y echó a correr, veloz como una liebre hacia el otro lado del pasillo, donde, a la derecha, se encontraba otra escalera.
A los monstruos que las vieron no les dio tiempo a seguirlas, ni a decirle nada a los demás. Alyssa se encargó de ello.
A Giselle le escocían los ojos, Karelle estaba utilizando magia para ganar velocidad, y lo cierto es que lo había conseguido. Subieron la escalera. En el siguiente piso había más celdas llenas, pero de gente incapaz de hablar, casi ni de sentir. Subieron dos escaleras más hasta llegar a un sitio oscuro como la boca del lobo. Karelle encedió una llama. No había celdas a los lados. Empezaron a caminar. Atravesaron despacio todo el pasillo hasta llegar al final. Había una pared rocosa.
Karelle no se lo podía creer. Observó con detenimiento el resto de la habitación. No había más escaleras, aparte de por la que acababan de subir.
Volvió al muro del final del pasillo. Entonces se dio cuenta...
- ¡Es un efecto óptico! -exclamó-. Mira, estas piedras están perfectamente pulidas, y no he visto ni una sola piedra en toda la torre así, además, tócalo -dio un golpe a la pared. Un ruido metálico se extendió por la habitación-. Intenta mirar más allá del muro.
Giselle lo intentó, pensó en Kash, tenía que ayudarle. Sus ojos se posaron sobre el muro, e intentó mirar más allá, detrás del muro, las piedras no exitían, allí estaba Kash...
- '¡Kash! ¡Le veo, Karelle! ¡Hay que sacarle de ahí! -exclamó.
Alyssa llegó desde la escalera.
- Vienen hacia aquí, ¿tenéis al chico? -miró al muro y comprendió-. Tenemos que abrir la celda... Con esto -y se sacó unas llaves de uno de los bolsillos de la túnica.
Hizo un gesto con la mano y el muro desapareció, viéndose la celda. Introdujo las llaves. Gritos de monstruos estaban cada vez más cerca. Lo siguiente fue muy rápido Alyssa cogió a Kash del brazo, Karelle cogió a Giselle, y se sujetó a Alyssa.
Luego todo se volvió negro.
Ella no perdió tiempo y mató con su espada al mayor número de bichos posibles. De los pasillos iban llegando más y más, pero ella no cesaba de dar muerte a todos los que se le acercaban.
Mientras tanto, las dos Elegidas esperaban a un lado de la columna.
- No va a acabar nunca... -susurró Karelle.
Entonces, con mirada decidida, cogió de la mano a Giselle y echó a correr, veloz como una liebre hacia el otro lado del pasillo, donde, a la derecha, se encontraba otra escalera.
A los monstruos que las vieron no les dio tiempo a seguirlas, ni a decirle nada a los demás. Alyssa se encargó de ello.
A Giselle le escocían los ojos, Karelle estaba utilizando magia para ganar velocidad, y lo cierto es que lo había conseguido. Subieron la escalera. En el siguiente piso había más celdas llenas, pero de gente incapaz de hablar, casi ni de sentir. Subieron dos escaleras más hasta llegar a un sitio oscuro como la boca del lobo. Karelle encedió una llama. No había celdas a los lados. Empezaron a caminar. Atravesaron despacio todo el pasillo hasta llegar al final. Había una pared rocosa.
Karelle no se lo podía creer. Observó con detenimiento el resto de la habitación. No había más escaleras, aparte de por la que acababan de subir.
Volvió al muro del final del pasillo. Entonces se dio cuenta...
- ¡Es un efecto óptico! -exclamó-. Mira, estas piedras están perfectamente pulidas, y no he visto ni una sola piedra en toda la torre así, además, tócalo -dio un golpe a la pared. Un ruido metálico se extendió por la habitación-. Intenta mirar más allá del muro.
Giselle lo intentó, pensó en Kash, tenía que ayudarle. Sus ojos se posaron sobre el muro, e intentó mirar más allá, detrás del muro, las piedras no exitían, allí estaba Kash...
- '¡Kash! ¡Le veo, Karelle! ¡Hay que sacarle de ahí! -exclamó.
Alyssa llegó desde la escalera.
- Vienen hacia aquí, ¿tenéis al chico? -miró al muro y comprendió-. Tenemos que abrir la celda... Con esto -y se sacó unas llaves de uno de los bolsillos de la túnica.
Hizo un gesto con la mano y el muro desapareció, viéndose la celda. Introdujo las llaves. Gritos de monstruos estaban cada vez más cerca. Lo siguiente fue muy rápido Alyssa cogió a Kash del brazo, Karelle cogió a Giselle, y se sujetó a Alyssa.
Luego todo se volvió negro.
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CAPITULO 21
Giselle levantó la mirada. Allí se extendía la llanura de Wind. Era un sitio gris, triste, sin nada caracterizable. Muchos bichos enormes, que parecían los trolls de los cuentos fantásticos que ella leía cuando era pequeña, custodiaban una enorme torre.
- Bien, Komylen -dijo Karelle-. Tenemos que meternos ahí. No se te ocurra separate de mí, Alyssa irá sola por otro lado -dijo señalando a la otra chica-. Necesito que nos libere el camino.
- ¿Y si le pasa algo? -preguntó Giselle asustada.
- No me pasará nada -tranquilizó Alyssa-. Los ángeles saben arreglárselas muy bien, y yo soy "casi" uno. Estaré bien.
- ¿Y cómo nos meteremos en la torre? -volvió a preguntar la Komylen.
- Eso será lo difícil. Creo que, antes, tenía una puerta por la parte trasera -informó Alyssa-. Casi no se ve, y no sé si estará rodeada de esos bichos.
- ¿Qué son? - inquirió Giselle.
- Ni idea, cada uno es distinto, y son mutantes -explicó Alyssa.
Pronto, y con sigilo llegaron a la parte trasera de la torre.
- Por favor -dijo Karelle-. Tened cuidado.
Todas asintieron y entraron en la fortaleza, gracias a la increible magia de Alyssa.
- Los guardias ya ni deben acordarse de esta puerta -comentó.
Había un largo pasillo de piedra gris y enmohecida. No había luces. En los laterales había muchos celdas vacías.
- ¿Dónde puede estar Kash? -preguntó Giselle.
- Es un prisionero importante -respondió Alyssa-. Así que debe estar en la parte más alta de la torre.
Apresuraron el paso, aunque sin perder la sigileza. Una larga escalera de caracol se extendía hacia arriba.
- ¡Vamos! -exclamó Karelle en voz baja.
Subieron. Desde arriba llegaba un haz de luz. Poco a poco, llegaron al final de la escalera. Miraron a los lados. No había nadie.
- Alyssa -llamó Karelle-. Tienes que dejarnos el camino libre.
El semiángel asintió y se fue hacia adelante. Sus sentidos se abrieron al completo para no dejar escapar la mínima señal de peligro. Un crujido delató a un mutante.
Sin dejar darle un último suspiro, Alyssa sacó la espada blanca y le rajó la barriga. Hizo una seña a sus compañeras para que avanzasen. Así, con Alyssa por delante, consiguieron acercarse a la parte alta. Cada vez que Alyssa mataba a algún monstruo, lo hacía desaparecer literalmente, le mandaba a otra dimensión. Cruzaron más escaleras. La torre no parecía tener fin.
Al final llegaron a otro largo pasillo, lleno de otro montón de celdas, esta vez ocupadas y guardadas por los mutantes... Alyssa se aproximó, aun sabiendo que corría el peligro de dar la voz de alarma, pero no le importó. Tenía que sacar de allí a los tres Elegidos sanos y salvos.
- Bien, Komylen -dijo Karelle-. Tenemos que meternos ahí. No se te ocurra separate de mí, Alyssa irá sola por otro lado -dijo señalando a la otra chica-. Necesito que nos libere el camino.
- ¿Y si le pasa algo? -preguntó Giselle asustada.
- No me pasará nada -tranquilizó Alyssa-. Los ángeles saben arreglárselas muy bien, y yo soy "casi" uno. Estaré bien.
- ¿Y cómo nos meteremos en la torre? -volvió a preguntar la Komylen.
- Eso será lo difícil. Creo que, antes, tenía una puerta por la parte trasera -informó Alyssa-. Casi no se ve, y no sé si estará rodeada de esos bichos.
- ¿Qué son? - inquirió Giselle.
- Ni idea, cada uno es distinto, y son mutantes -explicó Alyssa.
Pronto, y con sigilo llegaron a la parte trasera de la torre.
- Por favor -dijo Karelle-. Tened cuidado.
Todas asintieron y entraron en la fortaleza, gracias a la increible magia de Alyssa.
- Los guardias ya ni deben acordarse de esta puerta -comentó.
Había un largo pasillo de piedra gris y enmohecida. No había luces. En los laterales había muchos celdas vacías.
- ¿Dónde puede estar Kash? -preguntó Giselle.
- Es un prisionero importante -respondió Alyssa-. Así que debe estar en la parte más alta de la torre.
Apresuraron el paso, aunque sin perder la sigileza. Una larga escalera de caracol se extendía hacia arriba.
- ¡Vamos! -exclamó Karelle en voz baja.
Subieron. Desde arriba llegaba un haz de luz. Poco a poco, llegaron al final de la escalera. Miraron a los lados. No había nadie.
- Alyssa -llamó Karelle-. Tienes que dejarnos el camino libre.
El semiángel asintió y se fue hacia adelante. Sus sentidos se abrieron al completo para no dejar escapar la mínima señal de peligro. Un crujido delató a un mutante.
Sin dejar darle un último suspiro, Alyssa sacó la espada blanca y le rajó la barriga. Hizo una seña a sus compañeras para que avanzasen. Así, con Alyssa por delante, consiguieron acercarse a la parte alta. Cada vez que Alyssa mataba a algún monstruo, lo hacía desaparecer literalmente, le mandaba a otra dimensión. Cruzaron más escaleras. La torre no parecía tener fin.
Al final llegaron a otro largo pasillo, lleno de otro montón de celdas, esta vez ocupadas y guardadas por los mutantes... Alyssa se aproximó, aun sabiendo que corría el peligro de dar la voz de alarma, pero no le importó. Tenía que sacar de allí a los tres Elegidos sanos y salvos.
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28 abr 2010
CAPITULO 20
- ¡Giselle! -gritó Kash. De pronto calló, no quería que se notase demasiado su alegría.
- ¡Hola! -saludó ella-. Quería verte, hace tiempo que no vienes.
- Lo siento mucho -se disculpó él-. No sé por qué, hay veces que no puedo meterme en tu mente, pero no pasa nada, intentaré venir todo lo que pueda.
Los chicos se tumbaron en la hierba:
- ¿Por qué sale un prado verde cuando vienes? -preguntó Giselle.
- Porque lo considero un buen lugar para... hablar.
- Me gustaría tener magia... -dijo ella cambiando de tema-. Ya solo nos falta un día y medio, según Alyssa, para llegar a donde estás tú.
- En serio, gracias por buscarme.
- Es nuestro deber -suspiró Giselle-. Karelle se toma muy a pecho todo lo que tenga que ver con los Elegidos. ¿Sabes quién es el cuarto?
Kash sonrió:
- ¿Por qué supones tan rápido que será un chico?
- Porque Karelle y yo... y tú -falta otro chico.
- Bueno -dijo él encogiéndose de hombros-. No sé donde estará, pero tengo la impresión de que viene del cielo.
- ¿Un ángel? -preguntó Giselle.
- No solo hay ángeles en el cielo -explicó Kash-. También hay otras criaturas: dèstiles, mups, flybis...
- Ojalá sea un ángel...
- ¿Por qué? -inquirió Kash.
- Quiero ver a uno -contestó Giselle.
- Yo ya les vi una vez, son altos y... están bien.
- Karelle cada vez se lleva mejor conmigo... -comentó ella-. ¿Por qué no te metes en su mente?
- Me gusta más la tuya. Es más... inocente.
Giselle sonrió. Cuando estaba con Kash se sentía cómoda y protegida.
- Ojalá te encontremos pronto -deseó ella.
- Lo haréis... ¡Solo un día y medio y me verás en carne y hueso! -exclamó él.
- Hay ganas, ya...
- ¿Tenías familia en la Tierra?
- Sí -dijo ella, a la que volvieron todos sus recuerdos.
- ¿Les echas de menos?
- Sí -repitió, y lanzó un profundo suspiro.
- ¡Hola! -saludó ella-. Quería verte, hace tiempo que no vienes.
- Lo siento mucho -se disculpó él-. No sé por qué, hay veces que no puedo meterme en tu mente, pero no pasa nada, intentaré venir todo lo que pueda.
Los chicos se tumbaron en la hierba:
- ¿Por qué sale un prado verde cuando vienes? -preguntó Giselle.
- Porque lo considero un buen lugar para... hablar.
- Me gustaría tener magia... -dijo ella cambiando de tema-. Ya solo nos falta un día y medio, según Alyssa, para llegar a donde estás tú.
- En serio, gracias por buscarme.
- Es nuestro deber -suspiró Giselle-. Karelle se toma muy a pecho todo lo que tenga que ver con los Elegidos. ¿Sabes quién es el cuarto?
Kash sonrió:
- ¿Por qué supones tan rápido que será un chico?
- Porque Karelle y yo... y tú -falta otro chico.
- Bueno -dijo él encogiéndose de hombros-. No sé donde estará, pero tengo la impresión de que viene del cielo.
- ¿Un ángel? -preguntó Giselle.
- No solo hay ángeles en el cielo -explicó Kash-. También hay otras criaturas: dèstiles, mups, flybis...
- Ojalá sea un ángel...
- ¿Por qué? -inquirió Kash.
- Quiero ver a uno -contestó Giselle.
- Yo ya les vi una vez, son altos y... están bien.
- Karelle cada vez se lleva mejor conmigo... -comentó ella-. ¿Por qué no te metes en su mente?
- Me gusta más la tuya. Es más... inocente.
Giselle sonrió. Cuando estaba con Kash se sentía cómoda y protegida.
- Ojalá te encontremos pronto -deseó ella.
- Lo haréis... ¡Solo un día y medio y me verás en carne y hueso! -exclamó él.
- Hay ganas, ya...
- ¿Tenías familia en la Tierra?
- Sí -dijo ella, a la que volvieron todos sus recuerdos.
- ¿Les echas de menos?
- Sí -repitió, y lanzó un profundo suspiro.
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CAPITULO 19
Esa semana solo tuvo pensamientos para la Komylen. Le encantaba hablar con ella.
Él estaba en una celda con barrotes. Dentro solo había una pequeña tabla y unas cuerdas, con las que había creado una cama. Tenía las ropas algo roídas, y el pelo, azul, había perdido su brillo.
Hacía noches que había intentado conectar con Giselle, pero había algo... Una fuerza que le impedía invadir su mente. No le había pasado las otras dos veces que había irrumpido en sus sueños.
La verdad es que no solo pensaba en ella por el hecho de que los dos eran Elegidos... Cada vez que estaban juntos, él se sentía feliz, como nuevo.
Los seres de su raza se enamoraban de todo lo que veían: las flores, las hojas... pero el amor más intenso era hacia una persona. Ahora él lo sentía.
- ¡Eh, tú! ¡Kash! -gritó un hombre forzudo-. ¡¡Acuéstate ya si no quieres que vaya a partirte la cara!!
Con sigilo y rapidez, Kash se deslizó hasta su cama. Ahí se puso a pensar...
Su familia había muerto hacía tiempo, pero no le importaba, no les había conocido, ya que en cuanto nació y vieron la marca circular en su ombligo, lo mandaron al Templo, donde le enseñaron desde pequeño la magia, el arte de la espada y muchas cosas más.
Sabía que tenía una hermana, que seguía viva, pero como tampoco sentía amor por ella, ya que no la había conocido, nunca se dedicó a buscarla. Solo conocía su nombre: Kaleia. Su vida se había reducido al entrenamiento como guerrero. Solo entrenaba y entrenaba, hasta que un grupo de hombres negros le habían encerrado en aquella apestosa celda. Ahora estaba recluído, encerrado sin haber hecho nada malo. Le volvió a la mente Giselle... Sabía que tenía dos amigas... Alyssa y Karelle. También sabía que Karelle era la Shumnylen. La otra era un semiángel. No conocía el pasado de ellas, pero al menos tenía constancia de lo suficiente como para entender que debía encontrarlas.
Cerró los ojos. Intentaría visitar a Giselle.
___________________________________________________________
holaa!! =) mirad, keria subir una fotiito d Kash, pero el blog este, que no m dejaa!! u.u, no pasa na, la subire en cuanto pueda ;)
Él estaba en una celda con barrotes. Dentro solo había una pequeña tabla y unas cuerdas, con las que había creado una cama. Tenía las ropas algo roídas, y el pelo, azul, había perdido su brillo.
Hacía noches que había intentado conectar con Giselle, pero había algo... Una fuerza que le impedía invadir su mente. No le había pasado las otras dos veces que había irrumpido en sus sueños.
La verdad es que no solo pensaba en ella por el hecho de que los dos eran Elegidos... Cada vez que estaban juntos, él se sentía feliz, como nuevo.
Los seres de su raza se enamoraban de todo lo que veían: las flores, las hojas... pero el amor más intenso era hacia una persona. Ahora él lo sentía.
- ¡Eh, tú! ¡Kash! -gritó un hombre forzudo-. ¡¡Acuéstate ya si no quieres que vaya a partirte la cara!!
Su familia había muerto hacía tiempo, pero no le importaba, no les había conocido, ya que en cuanto nació y vieron la marca circular en su ombligo, lo mandaron al Templo, donde le enseñaron desde pequeño la magia, el arte de la espada y muchas cosas más.
Sabía que tenía una hermana, que seguía viva, pero como tampoco sentía amor por ella, ya que no la había conocido, nunca se dedicó a buscarla. Solo conocía su nombre: Kaleia. Su vida se había reducido al entrenamiento como guerrero. Solo entrenaba y entrenaba, hasta que un grupo de hombres negros le habían encerrado en aquella apestosa celda. Ahora estaba recluído, encerrado sin haber hecho nada malo. Le volvió a la mente Giselle... Sabía que tenía dos amigas... Alyssa y Karelle. También sabía que Karelle era la Shumnylen. La otra era un semiángel. No conocía el pasado de ellas, pero al menos tenía constancia de lo suficiente como para entender que debía encontrarlas.
Cerró los ojos. Intentaría visitar a Giselle.
holaa!! =) mirad, keria subir una fotiito d Kash, pero el blog este, que no m dejaa!! u.u, no pasa na, la subire en cuanto pueda ;)
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
26 abr 2010
CAPITULO 18
El trayecto hacia el lugar que les había dicho Kash transcurrió con tranquilidad. Desde su último sueño no había hablado con él, pero tenía la sensación de que estaba bien, y en esos momentos no hacía falta estresarse.
Karelle seguía resignada a tener que estar cerca de Giselle, aunque poco a poco se iban llevando mejor.
Alyssa observaba todo el rato a Giselle, para estar atenta a cualquier manifestación de magia que la chica pudiese dar, ya que en cuanto esto pasase, tendrían que dedicarse a dar clases a la Komylen.
Giselle no progresaba mucho, había empezado a creer que ella no era una mágica. Sin embargo, Alyssa decía que eso les pasaba a todos, pero que la magia siempre volvía, ya que, al parecer, cuando somos pequeños, justo al nacer, se hace una mínima manifestación de poder, luego no vuelve hasta años posteriores.
- ¿Hace cuánto que conoces a Kash? -preguntaba Karelle. Últimamente el chico era el único tema de conversación que de verdad les importaba.
- Pff, desde hace ya tres semanas, dos días antes, más o menos, de que viniese aquí... Fue cuando encontré a Lia... Me gustaría que hubiese venido con nosotras -se lamentó.
- Ya -dijo Alyssa-. Probablemente cuando encontremos a Kash se reunirá con nosotras.
- ¿Te visita mucho, en sueños? -Karelle seguía a los suyo.
-Sí... -respondió Giselle-. Bueno, no, en verdad solo he estad0 dos veces con él, pero me parecen suficientes. Ojalá me visite esta noche.
- ¿Qué hacéis cuando estáis juntos? -inquirió Karelle.
- Principalmente... hablar.
Así transcurrían las noches frente al fuego creado, generalmente, por Karelle.
Giselle no lo decía, pero últimamente se le estaban juntando muchos sentimientos distintos dentro de su cabeza, y no sabía a cuáles hacerle caso. Unos no dejaban de pensar en Kash, otros se centraban en la magia... y otros en su familia y amigos, todos dejados atrás.
Muchas veces se preguntaba qué habría sido de ellos, si la habrían olvidado... o qué.
Ojalá viese a Kash
Ojalá viese a Lia
Ojalá volviese a casa
Karelle seguía resignada a tener que estar cerca de Giselle, aunque poco a poco se iban llevando mejor.
Alyssa observaba todo el rato a Giselle, para estar atenta a cualquier manifestación de magia que la chica pudiese dar, ya que en cuanto esto pasase, tendrían que dedicarse a dar clases a la Komylen.
Giselle no progresaba mucho, había empezado a creer que ella no era una mágica. Sin embargo, Alyssa decía que eso les pasaba a todos, pero que la magia siempre volvía, ya que, al parecer, cuando somos pequeños, justo al nacer, se hace una mínima manifestación de poder, luego no vuelve hasta años posteriores.
- ¿Hace cuánto que conoces a Kash? -preguntaba Karelle. Últimamente el chico era el único tema de conversación que de verdad les importaba.
- Pff, desde hace ya tres semanas, dos días antes, más o menos, de que viniese aquí... Fue cuando encontré a Lia... Me gustaría que hubiese venido con nosotras -se lamentó.
- Ya -dijo Alyssa-. Probablemente cuando encontremos a Kash se reunirá con nosotras.
- ¿Te visita mucho, en sueños? -Karelle seguía a los suyo.
-Sí... -respondió Giselle-. Bueno, no, en verdad solo he estad0 dos veces con él, pero me parecen suficientes. Ojalá me visite esta noche.
- ¿Qué hacéis cuando estáis juntos? -inquirió Karelle.
- Principalmente... hablar.
Así transcurrían las noches frente al fuego creado, generalmente, por Karelle.
Giselle no lo decía, pero últimamente se le estaban juntando muchos sentimientos distintos dentro de su cabeza, y no sabía a cuáles hacerle caso. Unos no dejaban de pensar en Kash, otros se centraban en la magia... y otros en su familia y amigos, todos dejados atrás.
Muchas veces se preguntaba qué habría sido de ellos, si la habrían olvidado... o qué.
Ojalá viese a Kash
Ojalá viese a Lia
Ojalá volviese a casa
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
23 abr 2010
CAPITULO 17
-Hola -dijo la voz.
-Mmm -rezongó Giselle.
Estaba en un... en un prado verde, giró la cabeza y vio al chico alto, de piel verdosa, pelo azul, ojos lilas....
-¡Tú! -gritó-. ¿Qué haces en MIS sueños?
-Verte -respondió él-. Tenía ganas, ya.
-Pero... -titubeó Giselle-. Pero tú estabas encarcelado o en peligro...
-Yo también estoy dormido, pero vengo a visitarte. Sí que estoy encerrado. Pero eso ahora no me importa, tengo que hablar contigo.
-¿De qué?
-Sé que tú, Alyssa y la otra Elegida vais a las montañas a buscarme.
-Sí -ni se molestó en preguntar cómo lo sabía.
-No vayáis, no estoy allí. Estoy en las llanuras de Wind. Buscadme allí.
-¿Eres un Elegido, verdad?
-Sí.
Giselle suspiró, al menos en eso no se había equivocado.
-¿Tú sabes hacer magia? -Kash asintió-. ¿De qué tipo?
-Tengo poder sobre las mentes.
-¿Y eso para qué sirve?
-Puedo leer las mentes, controlarlas, hipnotizar. Soy capaz de poseer a las personas, o hacerte creer que estás a punto de morir. -Luego la miró fijamente-. Es algo poderoso, que no se puede utilizar sin conocimiento.
-Tú eres inteligente, sabrás hacerlo. Seguro que por eso te metes en mis sueños.
-Sí.
-¿Eres un... Xawol?
-Sí.
-¿Cuántos años tienes?
-Dieciocho, ¿y tú? -no dio tiempo a que contestase-. Diecisiete.
Giselle se quedó sorprendida.
-Eres rápido.
El chico paró un momento de sonreír y dijo:
-He de despertarme, te prometo que volveré pronto.
Se levantó, y besó en la frente a Giselle, como símbolo protector. Ella se sonrojó.
-Mmm -rezongó Giselle.
Estaba en un... en un prado verde, giró la cabeza y vio al chico alto, de piel verdosa, pelo azul, ojos lilas....
-¡Tú! -gritó-. ¿Qué haces en MIS sueños?
-Verte -respondió él-. Tenía ganas, ya.
-Pero... -titubeó Giselle-. Pero tú estabas encarcelado o en peligro...
-Yo también estoy dormido, pero vengo a visitarte. Sí que estoy encerrado. Pero eso ahora no me importa, tengo que hablar contigo.
-¿De qué?
-Sé que tú, Alyssa y la otra Elegida vais a las montañas a buscarme.
-Sí -ni se molestó en preguntar cómo lo sabía.
-No vayáis, no estoy allí. Estoy en las llanuras de Wind. Buscadme allí.
-¿Eres un Elegido, verdad?
-Sí.
Giselle suspiró, al menos en eso no se había equivocado.
-¿Tú sabes hacer magia? -Kash asintió-. ¿De qué tipo?
-Tengo poder sobre las mentes.
-¿Y eso para qué sirve?
-Puedo leer las mentes, controlarlas, hipnotizar. Soy capaz de poseer a las personas, o hacerte creer que estás a punto de morir. -Luego la miró fijamente-. Es algo poderoso, que no se puede utilizar sin conocimiento.
-Tú eres inteligente, sabrás hacerlo. Seguro que por eso te metes en mis sueños.
-Sí.
-¿Eres un... Xawol?
-Sí.
-¿Cuántos años tienes?
-Dieciocho, ¿y tú? -no dio tiempo a que contestase-. Diecisiete.
Giselle se quedó sorprendida.
-Eres rápido.
El chico paró un momento de sonreír y dijo:
-He de despertarme, te prometo que volveré pronto.
Se levantó, y besó en la frente a Giselle, como símbolo protector. Ella se sonrojó.
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CAPITULO 16
Desde el sueño de Giselle, avanzaban con más rapidez. Las montañas no estaban tan lejos, pero había que llegar cuanto antes. Giselle seguía con sus dudas sobre la magia:
-Pero, ¿qué pasará cuando tenga magia? -preguntaba.
-Nada, simplemente la tendrás, deberás entrenarte, aprender a usarla... -respondía Karelle.
-¿Y son distintas?
-¿El qué?
-Las magias.
Karelle suspiró. Alyssa la miró, y supo que se ponía impaciente, pero la Elegida guardó la compostura y respondió con tranquilidad.
-Hay muchísimos... infinitos tipos de magia -explicó-. Más que tipos son... especialidades. Especialidades sobre el fuego, sobre los animales, sobre el tiempo, sobre la luz, sobre la oscuridad, agua... Todos los que te puedas imaginar. Tienes que potenciar tu especialidad, pero a la vez, también debes estudiar la magia en general. La magia en general -siguió- consiste en aparecer, desaparecer cosas, luchar, volar, aprender sobre cosas y criaturas mágicas... Luego tienes tu especialidad.
-¿Cuál es tu especialidad? -preguntó Giselle.
-El fuego.
-¡Qué guay! -exclamó Giselle-. ¿Y qué sabes hacer?
Karelle lanzó su tercer suspiro y extendió la mano, con la palma boca arriba. De ella salió una llama que le ocupó la mano entera. Luego cerró la mano y la llama desapareció. Giselle estaba impresionada.
-Ojalá supiese hacer eso... -Parecía un niño pequeño al que le acabasen de meter en un mundo nuevo-. ¿Y tú, Alyssa, cuál es tu especialidad?
-No tengo -respondió.
-¿No tienes?
-No, ¿te acuerdas que me preguntaste si yo era un ángel, el otro día? -Giselle asintió-. Pues soy mitad y mitad. Semi-ángel, pero sin alas. Los ángeles tienen la magia-general, pero ninguna especialidad, simplemente... protegen a los humanos y a las criaturas mágicas. Yo soy también humana, así que no me dedico a eso. Pero no tengo especialidad.
-Pero, ¿qué pasará cuando tenga magia? -preguntaba.
-Nada, simplemente la tendrás, deberás entrenarte, aprender a usarla... -respondía Karelle.
-¿Y son distintas?
-¿El qué?
-Las magias.
Karelle suspiró. Alyssa la miró, y supo que se ponía impaciente, pero la Elegida guardó la compostura y respondió con tranquilidad.
-Hay muchísimos... infinitos tipos de magia -explicó-. Más que tipos son... especialidades. Especialidades sobre el fuego, sobre los animales, sobre el tiempo, sobre la luz, sobre la oscuridad, agua... Todos los que te puedas imaginar. Tienes que potenciar tu especialidad, pero a la vez, también debes estudiar la magia en general. La magia en general -siguió- consiste en aparecer, desaparecer cosas, luchar, volar, aprender sobre cosas y criaturas mágicas... Luego tienes tu especialidad.
-¿Cuál es tu especialidad? -preguntó Giselle.
-El fuego.
-¡Qué guay! -exclamó Giselle-. ¿Y qué sabes hacer?
Karelle lanzó su tercer suspiro y extendió la mano, con la palma boca arriba. De ella salió una llama que le ocupó la mano entera. Luego cerró la mano y la llama desapareció. Giselle estaba impresionada.
-Ojalá supiese hacer eso... -Parecía un niño pequeño al que le acabasen de meter en un mundo nuevo-. ¿Y tú, Alyssa, cuál es tu especialidad?
-No tengo -respondió.
-¿No tienes?
-No, ¿te acuerdas que me preguntaste si yo era un ángel, el otro día? -Giselle asintió-. Pues soy mitad y mitad. Semi-ángel, pero sin alas. Los ángeles tienen la magia-general, pero ninguna especialidad, simplemente... protegen a los humanos y a las criaturas mágicas. Yo soy también humana, así que no me dedico a eso. Pero no tengo especialidad.
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CAPITULO 15
Giselle se despertó sobresaltada. Alguien había gritado.
-¿Karelle? -murmuró-. ¿Alyssa?
Nadie respondió. Todo estaba negro, y el "suelo que tocaban sus pies parecía... agua. De nuevo un grito. A Giselle se le paró el corazón. ¿De dónde provenía? Siguió caminando, con miedo, por aquella superficie de agua... No veía nada.
De pronto, un gemido lúgrube salió desde uno de los puntos de la infinita Oscuridad. Otro grito. Giselle se tiró al suelo, y se encogió sobre sí misma... Tenía miedo, muchísimo miedo.
-¡Giselle! ¡Giselle! -oía la voz de Alyssa, pero solo la escuchaba dentro de su cabeza.
-¡Giselle! -gritaba, Alyssa, desesperada-. ¡No se despierta!
Karelle miraba a Giselle sin expresión en la cara, aunque en su cabeza se debatía en una terrible confusión. ¿Qué le pasaba a la Komylen?
-No la despertarás -dijo, Karelle, al fin-. Es un sueño extraño... Creo que lo tiene que arreglar ella sola.
-¿Qué? -gritó la otra impertérrita. Era muy difícil que Alyssa se pusiese de los nervios. Ahora lo estaba-. ¿Cómo puedes decir eso? ¡Tenemos que ayudarla! -Luego ´se volvió hacia la dormida-. ¡Giselle, despierta! ¡Despierta, por favor!
Oía gritos desesperados. Ahora una voz:
-Ven conmigo -decía la voz, que le resultaba vagamente familiar-. Sálvame.
Giselle volvió en sí. Alyssa la miraba con miedo, y luego la abrazó. Karelle soltó un suspiro de alivio, pero se mantuvo callada. Nunca había visto así a Alyssa, Karelle sí, pero Giselle... jamás. Aun así, la otra vez, en la que Karelle estaba presente, había sido hacia tantísimos años y tan breve, que no se acordaba.
-Es Kash -dijo Giselle-. Necesita nuestra ayuda.
-¿Karelle? -murmuró-. ¿Alyssa?
Nadie respondió. Todo estaba negro, y el "suelo que tocaban sus pies parecía... agua. De nuevo un grito. A Giselle se le paró el corazón. ¿De dónde provenía? Siguió caminando, con miedo, por aquella superficie de agua... No veía nada.
De pronto, un gemido lúgrube salió desde uno de los puntos de la infinita Oscuridad. Otro grito. Giselle se tiró al suelo, y se encogió sobre sí misma... Tenía miedo, muchísimo miedo.
-¡Giselle! ¡Giselle! -oía la voz de Alyssa, pero solo la escuchaba dentro de su cabeza.
-¡Giselle! -gritaba, Alyssa, desesperada-. ¡No se despierta!
Karelle miraba a Giselle sin expresión en la cara, aunque en su cabeza se debatía en una terrible confusión. ¿Qué le pasaba a la Komylen?
-No la despertarás -dijo, Karelle, al fin-. Es un sueño extraño... Creo que lo tiene que arreglar ella sola.
-¿Qué? -gritó la otra impertérrita. Era muy difícil que Alyssa se pusiese de los nervios. Ahora lo estaba-. ¿Cómo puedes decir eso? ¡Tenemos que ayudarla! -Luego ´se volvió hacia la dormida-. ¡Giselle, despierta! ¡Despierta, por favor!
Oía gritos desesperados. Ahora una voz:
-Ven conmigo -decía la voz, que le resultaba vagamente familiar-. Sálvame.
Giselle volvió en sí. Alyssa la miraba con miedo, y luego la abrazó. Karelle soltó un suspiro de alivio, pero se mantuvo callada. Nunca había visto así a Alyssa, Karelle sí, pero Giselle... jamás. Aun así, la otra vez, en la que Karelle estaba presente, había sido hacia tantísimos años y tan breve, que no se acordaba.
-Es Kash -dijo Giselle-. Necesita nuestra ayuda.
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
CAPITULO 14
-¿Quiénes son los Xawols? -preguntó Giselle.
-Son... otra raza de criaturas mágicas. Como los humanos, pero físicamente distintos -explicó Alyssa-; como por ejemplo los Kemlys, los Chrul... Los Xawols tienen las características que tú has dicho, y son mucho más reservados que los humanos; los Kemyls tienen alas negras, son palidos y de rasgos delicados; los Chruls son más grandes, parecen bárbaros, pero son pacíficos, aunque no lo aparenten. También existen los ángeles, las hadas, elfos, pegasos... esas cosas de los cuentos fantásticos.
-¿También unicornios y dragones? -preguntó Giselle.
-¿Qué son esas cosas? -inquirió Karelle.
-Pues... los unicornios son caballos con un cuerno en medio de la frente, y los dragones monstruos con alas.
-Mmm -murmuró Alyssa-. Los caballos esos no existen, pero hay algo "parecido" a los... ¿dragones? Son bichos enormes, pueden ser blancos, azules o negros y tienen garras afiladas, nada de alas...
-Vale, no son dragones -finalizó Giselle.
Siguieron su camino, hasta llegar exhaustas a un páramo verde. Karelle descargó la mochila e hizo aparecer víveres.
-Hoy acamparemos aquí -anunció.
Mientras comían, Giselle no pudo evitar preguntar:
-¿Cómo encontraremos a Kash?
Alyssa se volvió y se encogió de hombros:
-Tendremos que seguir el camino a las montañas, allí es donde viven los de su raza.
El resto de la velada estuvieron hablando sobre la Misión, hasta quedarse dormidas.
-Son... otra raza de criaturas mágicas. Como los humanos, pero físicamente distintos -explicó Alyssa-; como por ejemplo los Kemlys, los Chrul... Los Xawols tienen las características que tú has dicho, y son mucho más reservados que los humanos; los Kemyls tienen alas negras, son palidos y de rasgos delicados; los Chruls son más grandes, parecen bárbaros, pero son pacíficos, aunque no lo aparenten. También existen los ángeles, las hadas, elfos, pegasos... esas cosas de los cuentos fantásticos.
-¿También unicornios y dragones? -preguntó Giselle.
-¿Qué son esas cosas? -inquirió Karelle.
-Pues... los unicornios son caballos con un cuerno en medio de la frente, y los dragones monstruos con alas.
-Mmm -murmuró Alyssa-. Los caballos esos no existen, pero hay algo "parecido" a los... ¿dragones? Son bichos enormes, pueden ser blancos, azules o negros y tienen garras afiladas, nada de alas...
-Vale, no son dragones -finalizó Giselle.
Siguieron su camino, hasta llegar exhaustas a un páramo verde. Karelle descargó la mochila e hizo aparecer víveres.
-Hoy acamparemos aquí -anunció.
Mientras comían, Giselle no pudo evitar preguntar:
-¿Cómo encontraremos a Kash?
Alyssa se volvió y se encogió de hombros:
-Tendremos que seguir el camino a las montañas, allí es donde viven los de su raza.
El resto de la velada estuvieron hablando sobre la Misión, hasta quedarse dormidas.
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
21 abr 2010
CAPITULO 13
Giselle ya esperaba en la puerta. Tenía una mochila, colgada, como en el Instituto, de un solo hombro, había metido un poco de ropa que le habían prestado y alguna que otra cosa más. También Alyssa estaba también allí, con unos pantalones cortísimos muy suaves, de ninguna tela que Giselle conociese, un top blanco y el arco a la espalda.
-Mmm -murmuró Giselle-. ¿Y dónde llevas tu equipaje? -la había preguntado.
-Aquí -respondió, señalando un anillo con una piedra celeste incrustada.
Giselle se quedó pensativa hasta que vio aparecer a Karelle con la Reina.
-Espero que vuestra misión os sea leve -les deseó la Reina, con forma de anciana.
Karelle miró a Giselle, esta vez sin odio, solo con... resignación. Avanzaron unos pasos, antes de volverse para despedirse de la Reina de nuevo e iniciaron su viaje, por aquellos mundos en los que nada era seguro.
Alyssa rompió el silencio:
-Esta temporada las hojas están más verdes, es buena señal, sin embargo, las rosas tienen los pétalos marchitos por el filo, debemos apresurarnos.
-¿Por qué sabes eso si solo has mirado unas plantas? -preguntó Giselle.
Alyssa la miró con su sonrisa de ángel:
- Algún día tú también aprenderás el lenguaje de la naturaleza, Giselle.
- ¿Y la magia?
-Eso llegará a su tiempo -respondió, extrañamente, Karelle-. Normalmente no aparecen las primeras manifestaciones hasta los quince... que creo que ya has cumplido, eso es porque no tendrías aura mágica a tu alrededor, pero tranquila, llegará.
-De todas formas -dijo Alyssa- ahora tenemos que preocuparnos más por "a quién" debemos buscar.
Entonces Giselle recordó muchísimas de las cosas lejanas que le habían pasado tiempo atrás.
-Lo primero es Kash -informó ante las miradas expectntes de las otras dos chicas-. Sí, es un chico alto, que parece un extraterrestre, ojos lilas, pelo azul, piel verdosa... ¿Le conocéis?
-No -negó Karelle-. ¿Quién es? ¿Le conoces?
-En sueños, fue quién me informó sobre todo esto y me dijo que escuchase a los espíritus.
-Alyssa, ¿sabes a qué raza puede pertenecer? -preguntó Karelle.
-Xawols. Seguro.
Karelle la miró:
-¡Los Xawols no tienen el poder suficiente como para contactar con humanos!
-No los que tu conoces -respondió Alyssa con tranquilidad.
A Giselle se le agolparon miles de preguntas en la cabeza. ¿Xawols? ¿Contactar con humanos?
-Mmm -murmuró Giselle-. ¿Y dónde llevas tu equipaje? -la había preguntado.
-Aquí -respondió, señalando un anillo con una piedra celeste incrustada.
Giselle se quedó pensativa hasta que vio aparecer a Karelle con la Reina.
-Espero que vuestra misión os sea leve -les deseó la Reina, con forma de anciana.
Karelle miró a Giselle, esta vez sin odio, solo con... resignación. Avanzaron unos pasos, antes de volverse para despedirse de la Reina de nuevo e iniciaron su viaje, por aquellos mundos en los que nada era seguro.
Alyssa rompió el silencio:
-Esta temporada las hojas están más verdes, es buena señal, sin embargo, las rosas tienen los pétalos marchitos por el filo, debemos apresurarnos.
-¿Por qué sabes eso si solo has mirado unas plantas? -preguntó Giselle.
Alyssa la miró con su sonrisa de ángel:
- Algún día tú también aprenderás el lenguaje de la naturaleza, Giselle.
- ¿Y la magia?
-Eso llegará a su tiempo -respondió, extrañamente, Karelle-. Normalmente no aparecen las primeras manifestaciones hasta los quince... que creo que ya has cumplido, eso es porque no tendrías aura mágica a tu alrededor, pero tranquila, llegará.
-De todas formas -dijo Alyssa- ahora tenemos que preocuparnos más por "a quién" debemos buscar.
Entonces Giselle recordó muchísimas de las cosas lejanas que le habían pasado tiempo atrás.
-Lo primero es Kash -informó ante las miradas expectntes de las otras dos chicas-. Sí, es un chico alto, que parece un extraterrestre, ojos lilas, pelo azul, piel verdosa... ¿Le conocéis?
-No -negó Karelle-. ¿Quién es? ¿Le conoces?
-En sueños, fue quién me informó sobre todo esto y me dijo que escuchase a los espíritus.
-Alyssa, ¿sabes a qué raza puede pertenecer? -preguntó Karelle.
-Xawols. Seguro.
Karelle la miró:
-¡Los Xawols no tienen el poder suficiente como para contactar con humanos!
-No los que tu conoces -respondió Alyssa con tranquilidad.
A Giselle se le agolparon miles de preguntas en la cabeza. ¿Xawols? ¿Contactar con humanos?
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
18 abr 2010
CAPITULO 12
Karelle se dirigió a la habitación de Giselle. Iba a arreglar las cosas. De pronto, la cabeza se la inundó de recuerdos. Recordaba cuando había conocido a Ariadne, su pequeña Ari.
Ella tendría dieciseis años, el año anterior, cuando, a la vuelta de una de sus sesiones de entrenamiento en palacio, oyó los gemidos de un bebé. Venían del bosque. Sin miedo siguió el sonido de los llantos y encontró, en el hueco de un árbol, a un pequeño bebé. Nunca había sido una blanda, siempre se las había dado de fuerte e imperturbable, pero ante la mirada de ese bebé, no pudo evitar tocarla, cogerla y llevársela a palacio. La Reina, al principio, no lo aceptó. Pero pronto descubrieron la historia de la pequeña.
La Magia de la Reina consiguió vislumbrar el pasado de la niña, lo vio todo.
Era la hija de reyes, de reyes lejanos de mundos paralelos a ese, su reino había quedado reducido en llamas. Una de las sirvientas salvó a la niña mandándola por un portal. A la niña... y a su hermano. Tenía un hermano, que había sido trasladado por otro portal.
A partir de ahí, Karelle decidió encontrarle. Tenía solo una pista ese niño, debía tener una marca con forma de semi-sol en su costado derecho, ya que la niña también lo tenía en el costado izquierdo, y en los recuerdos que habían logrado sacar, los niños nacieron con la marca.
Llegó pronto a la habitación de Giselle. Llamó antes de entrar, un "adelante" hizo que se atreviese a pasar. Giselle estaba sentada con Alyssa, que en cuanto vio que llegaba Karelle desapareció. Sabía que eso debían arreglarlo entre ellas.
Giselle la miró con despreció y dijo:
-¿Y ahora qué quieres?
-Arreglar las cosas -dijo Karelle. Luego cortó una frase que iba a decir Giselle diciendo-. Solo hablaré yo, porque creo que no esás en condiciones. Como Elegidas creo que debemos llevarnos bien, además he de decirte que tienes que preparar tus cosas. Mañana partimos. Solo quiero decirte esto, ya reflexionaré sobre otros temas que te incumben a tí también...
Dicho estó se largó. Giselle se quedó confusa.
__________________________________________________________
Sé que he tardado en volver a escribir, pero no pasa nada, aquí os he dejado dos capis, que espero que os gusten ;) A lo mejor no he contado muy bien lo de Ariadne (Ari), pero no quería dejaros con la intriga, ya que dejarlo así quedaba como si fuese la hermana, o la hija de Karelle, y no quería dar esa impresión.
BesitoOoOs
Moskita
Ella tendría dieciseis años, el año anterior, cuando, a la vuelta de una de sus sesiones de entrenamiento en palacio, oyó los gemidos de un bebé. Venían del bosque. Sin miedo siguió el sonido de los llantos y encontró, en el hueco de un árbol, a un pequeño bebé. Nunca había sido una blanda, siempre se las había dado de fuerte e imperturbable, pero ante la mirada de ese bebé, no pudo evitar tocarla, cogerla y llevársela a palacio. La Reina, al principio, no lo aceptó. Pero pronto descubrieron la historia de la pequeña.
La Magia de la Reina consiguió vislumbrar el pasado de la niña, lo vio todo.
Era la hija de reyes, de reyes lejanos de mundos paralelos a ese, su reino había quedado reducido en llamas. Una de las sirvientas salvó a la niña mandándola por un portal. A la niña... y a su hermano. Tenía un hermano, que había sido trasladado por otro portal.
A partir de ahí, Karelle decidió encontrarle. Tenía solo una pista ese niño, debía tener una marca con forma de semi-sol en su costado derecho, ya que la niña también lo tenía en el costado izquierdo, y en los recuerdos que habían logrado sacar, los niños nacieron con la marca.
Llegó pronto a la habitación de Giselle. Llamó antes de entrar, un "adelante" hizo que se atreviese a pasar. Giselle estaba sentada con Alyssa, que en cuanto vio que llegaba Karelle desapareció. Sabía que eso debían arreglarlo entre ellas.
Giselle la miró con despreció y dijo:
-¿Y ahora qué quieres?
-Arreglar las cosas -dijo Karelle. Luego cortó una frase que iba a decir Giselle diciendo-. Solo hablaré yo, porque creo que no esás en condiciones. Como Elegidas creo que debemos llevarnos bien, además he de decirte que tienes que preparar tus cosas. Mañana partimos. Solo quiero decirte esto, ya reflexionaré sobre otros temas que te incumben a tí también...
Dicho estó se largó. Giselle se quedó confusa.
__________________________________________________________
Sé que he tardado en volver a escribir, pero no pasa nada, aquí os he dejado dos capis, que espero que os gusten ;) A lo mejor no he contado muy bien lo de Ariadne (Ari), pero no quería dejaros con la intriga, ya que dejarlo así quedaba como si fuese la hermana, o la hija de Karelle, y no quería dar esa impresión.
BesitoOoOs
Moskita
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Novela: Los Gritos de la Oscuridad
CAPITULO 11
Karelle miró a ambos lados del pasillo. Ni un alma. Puso su mano en el ladrillo y un aura iluminó el borde de la mano. Entonces ella dio un paso adelante. Su cuerpo atravesó el muro sin ningún tipo de problemas. Siguió caminando por un oscuro pasadizo, en el que, a cada paso, se encendían los candelabros que estaban a los lados. Al fondo había una puerta de roble, grande y antigua.
La Elegida la abrió, y entró en la estancia.
Era una habitación iluminada, de paredes turquesas, que resplandecían, con decoración infantil, pero no demasiado. Una mujer, vestida de sirvienta entraba y salía. Era translúcida. Cuando se percató de que Karelle estaba en la estancia, hizo una reverencia y le dijo:
-Está bien.
Esa información tranquilizó a Karelle. Avanzó hacia una pequeña cuna, grande y bonita, con mantas de seda. Dentro una pequeña bebé dormía tranquila. Karelle sonrió y, a pesar de que la niña aun estaba en su sueño, la cogió en brazos y la meció. La pequeña abrió los ojos y sonrió. Se acurrucó aun más entre los brazos de Karelle y se dejó mecer.
Karelle murmuraba palabras y tarareaba cancioncitas. Se sentó en una silla y siguió mirando a la infanta, a la que se le volvían a cerrar los ojos.
La Elegida miró a su alrededor hasta encontrar con su vista a la mujer translúcida de antes. Le hizo una seña para que se acercase y la dijo:
-Solo la Reina, Manock, Laia y tú conocéis su existencia, además de Alyssa. Tenéis que seguir cuidándola como hasta ahora, no puedo permitirme dejarla sola aquí. Has de prometerme que jamás la abandonarás.
-Pero... -empezó ella-. ¿Por qué? ¿Os vais?
-Sí, ha llegado el momento.
La mujer bajó la cabeza y asintió. Karelle se levantó y dejó a la niña en su cuna. Luego le apartó el flequillo , se agachó y dijo en un susurro:
-Adiós, Ariadne. Volveré.
La Elegida la abrió, y entró en la estancia.
Era una habitación iluminada, de paredes turquesas, que resplandecían, con decoración infantil, pero no demasiado. Una mujer, vestida de sirvienta entraba y salía. Era translúcida. Cuando se percató de que Karelle estaba en la estancia, hizo una reverencia y le dijo:
-Está bien.
Esa información tranquilizó a Karelle. Avanzó hacia una pequeña cuna, grande y bonita, con mantas de seda. Dentro una pequeña bebé dormía tranquila. Karelle sonrió y, a pesar de que la niña aun estaba en su sueño, la cogió en brazos y la meció. La pequeña abrió los ojos y sonrió. Se acurrucó aun más entre los brazos de Karelle y se dejó mecer.
Karelle murmuraba palabras y tarareaba cancioncitas. Se sentó en una silla y siguió mirando a la infanta, a la que se le volvían a cerrar los ojos.
La Elegida miró a su alrededor hasta encontrar con su vista a la mujer translúcida de antes. Le hizo una seña para que se acercase y la dijo:
-Solo la Reina, Manock, Laia y tú conocéis su existencia, además de Alyssa. Tenéis que seguir cuidándola como hasta ahora, no puedo permitirme dejarla sola aquí. Has de prometerme que jamás la abandonarás.
-Pero... -empezó ella-. ¿Por qué? ¿Os vais?
-Sí, ha llegado el momento.
La mujer bajó la cabeza y asintió. Karelle se levantó y dejó a la niña en su cuna. Luego le apartó el flequillo , se agachó y dijo en un susurro:
-Adiós, Ariadne. Volveré.
Ariadne
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Las Sinopsis de Pelis, series etc son de la web.
Gracias a:
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Agradecemos también a: http://fantastic-desings.blogspot.com/ su Reproductor de Audio
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